Un perro andaluz


Título original: Un chien andalou
Año: 1929
Duración: 17 min.
País:  Francia
Director: Luis Buñuel
Guión: Luis Buñuel, Salvador Dalí
Música: Richard Wagner
Fotografía: Albert Duverger (B&W)
Reparto: Pierre Batcheff, Simone Mareuil, Salvador Dalí, Luis Buñuel
Productor: Luis Buñuel
Género: Drama. Surrealismo. Cine experimental. Cine mudo. Película de culto. Cortometraje


Sinopsis

Según declaraciones del propio Luis Buñuel, “Un perro andaluz fue un film antivanguardista, nada te­nía que ver con la vanguardia cinematográfica de entonces. Ni en el fondo ni en la forma (…). Adoro los sueños, aunque mis sueños sean pesadillas y eso son las más de las veces. Están sembrados de obstáculos que conozco y reconozco. Esta locura por los sueños, que nunca he tratado de explicar, es una de las inclinaciones profundas que me han acercado al surrealismo. “Un chien andalou” nació de la convergencia de uno de mis sueños con un sueño de Dalí.” (FILMAFFINITY)


Las normas de lo onírico

Absténganse mentes tradicionales, lectores asiduos a la razón o cuerpos sólidos a los que soñar les resulta cómodo. Hablar de surrealismo implica, a priori, la lógica errónea del todo vale, porque el surrealismo carece de lógica pero tampoco vale todo.

Un perro andaluz está considerada por el propio André Breton la pieza clave del cine surrealista, creada por dos figuras sinónimo del movimiento, Luis Buñuel y Salvador Dalí, que retratan a modo de escritura automática sus supuestos sueños, o sueños de sus sueños.

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Luis Buñuel (no confundir con su reencarnación actual, el Gran Wyoming) en un fotograma de la cinta.

Un cortometraje que por su condición de mudo consigue una expresividad imposible de alcanzar con sonido; véase, por ejemplo, cualquier film de David Lynch y cómo en sus escenas más oníricas apenas utiliza este recurso, y de hacerlo es incomprensible, molesto y a veces vacío.

Con Un perro andaluz, Buñuel nos da en 17 minutos una lección magistral de surrealismo, de la mejor forma que se puede hacer: sin palabras. Deja que la mente del espectador fluya por los salvajes derroteros del subconsciente hasta donde quiera o pueda llegar, sin límites. Lo que cuenta en este (sin)sentido no es asunto de la razón, aquí cabe cualquier cosa salvo la sensatez.

El caos, la forma más lógica de orden, de las ideas enmarcadas en situaciones oníricas que nos llevan irremediablemente, bajo las interpretaciones que se quiera, a obsesiones humanas como el deseo sexual o la muerte; o la crítica a la religión católica.

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Simone Mareuil en una escena del cortometraje.

Todo ello desde el humor que siempre ha caracterizado la filmografía del genio de Calanda. Marcado por la irreverencia y la incorrección política que incluso (y tristemente) en nuestros días es censurado de la forma más absurda y despreciable, sólo porque mentes cuadriculadas, que no saben reírse de sí mismas, no distinguen entre el humor y el insulto o, peor aún, no les interesa distinguirlo.

Valoración (sobre 10): 9

Gabriel Martínez Ruibal

Gabriel Martínez ha escrito 143 artículos en Ciempiés.

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