Cuatro ciudadanos: documentalistas non gratos en EEUU

Estados Unidos, la cuna del cine, gran defensor de los derechos y libertades. La policía del mundo, podríamos llamarla. Pero, ¿realmente esto es así?

La nombrada cuna del cine- esto no lo discutimos, es la cuna del cine más comercial- siempre es el primer país en declarar lo muy simpático que es el derecho a la libertad, el derecho a la privacidad, y lo malos malísimos que son el resto de gobernantes que oprimen a sus ciudadanos. Todos los estadounidenses son libres, siempre y cuando repitas lo libre que eres gracias a tu país muchas veces, pero no hables mal de él, no te opongas a la gran potencia.

Recuerdo hace unos años cuando visité EEUU- éste es el momento plasta y personal del reportaje- con lo que me topé. Estuve en Nueva York y todo era como salía en las películas: altos edificios, gente jugando a béisbol en Central Park, ciudadanos corriendo a todas partes con el café portátil que se ha puesto ahora de moda en España gracias a Starbucks, escaleras de incendios, azoteas con grafitis, depósitos de agua sobre los edificios, el metro elevado del Bronx… Pero hay otra cosa que me llamó más la atención y que no aparece en el cine, ni en la televisión: todas las bolsas de basura eran transparentes. Parece una tontería, pero a mí me sorprendió. Pregunté a qué se debía y un policía me comentó que tras el 11S se habían prohibido las bolsas opacas en la Gran Manzana, todo el mundo tenía que dejar a la vista el contenido de sus desechos. Me resultó curioso, nada más, pero tras los casos que hemos visto de vulneraciones de la privacidad por parte del gobierno estadounidense me parece que hay que destacar este punto. Ni lo que desechan los ciudadanos, lo que no quieren en sus vidas, puede quedar en la intimidad.

Claro está que aquello era para que la gente no empezará a tirar a la basura bombas, pero habían pasado 6 años de los atentados y siguieron sin recuperar esa parte de la privacidad. ¿Cuántos más derechos perdieron en el camino?

Snowden reveló al mundo hace unos años- y por lo que todos deberíamos estar agradecidos en vez de enfadados como aparentan algunos- que la pérdida de privacidad no se limitaba a los desechos de las personas, es más, no se limitaba ni a las fronteras americanas. De pronto tuvieron la excusa perfecta para estar al tanto de cada actividad que realizaban los ciudadanos del mundo entero, cada mensaje privado, cada llamada telefónica, cada correo, cada búsqueda en Google. Todo. ¿Cuántas cosas habéis buscado en internet que no os gustaría hacer público? Pues hay un tío en américa que lo conoce, que sabe que te bajaste un screener muy chungo de Ocho apellidos vascos.

Como decía, Snowden lo sacó a la luz, y por ello ahora es uno de los hombres más buscados por su país. Es decir, las prácticas moralmente ilegales las hicieron los que persiguen al que lo señaló. La persona que quieren meter en la cárcel es el héroe, no el villano.

A partir de la publicación de las informaciones del exempleado de la CIA, Laura Poitras (periodista del Washington Post) y Glenn Greenwald (del The Guardian) vivieron en sus carnes lo que era estar perseguido por hacer únicamente una cosa: su trabajo. Por hablar.

Estados Unidos defiende la libertad de expresión, siempre que ésta no produzca comentarios en su contra. Y el caso de estos periodistas no ha sido el único, muchos profesionales están mal vistos en su país únicamente por los temas que tratan.

Por ello, hoy vamos a hablar de 4 documentalistas, el género cinematográfico más periodístico, que reciben un trato negativo en Estados Unidos por los temas que tratan, porque la libertad de expresión solo va en una dirección:

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J. Justo Moncho

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