“Warcraft: El origen”, solo apta para fans

Nota:

Las adaptaciones de videojuegos al cine no han destacado nunca por su calidad. La mayoría son una serie de despropósitos ideados para contentar a los fans freaks, y casi nunca con demasiado éxito. Podríamos salvar de la quema Silent Hill que, por su ambientación, sí supo dejar satisfechos a crítica y público. La última de este tipo de adaptaciones es el mítico juego que deja sin vidas a miles de vírgenes por todo el mundo: World of Wrcraft, juego con su propia mitología y que, a priori, puede ser atractivo de llevar a la pantalla. El elegido para llevar este juego a la pantalla es Duncan Jones  que debutó con la magnífica Moon y demostró que está capacitado para el cine comercial con Código Fuente. ¿Cómo habrá salido la jugada?

Para empezar, he de decir que no conozco nada de Warcraft, no me atraen demasiado los videojuegos y mucho menos de este tipo, que te quitan la vida social (prefiero ver cine); de modo que juzgaremos la película como producto comercial. Los primeros compases de la cinta son un auténtico mareo: todo explicado muy deprisa, bombardeo de nombres y demasiado información; los fans del juego estarán como en casa, pero los que no, estarán muy perdidos. La cinta no se desarrolla nada bien, los personajes no están bien dibujados y los que pueden interesar no son aprovechados (como el jefe orco). La culpa en gran parte es del guión, muy simple y nada complejo. A veces se cae en el ridículo, se desarrolla poco y la trama romántica, aunque se trate por encima, no lleva a ningún lado.

En cuanto al reparto, la mayoría son rostros desconocidos: tenemos a un Travis Fimmel, de la serie Vikings , que hace de Lothar, un Ragnar Lothbrok totalmente descafeinado pero que convence, Ben Foster está un poco desfasado haciendo de Guardián, Dominic Cooper es solvente pero poco puede hacer, Paula Patton es un portento físico pero tampoco queda un buen lugar por culpa de poca profundidad en su personaje. Y además aparece Ruth Negga, aunque no sale mucho y me apetecía ponerlo.

En efectos especiales la película resulta todo un espectáculo, sobre todo cuando se trata de representar a los orcos (menos el bebé, que parece sacado de Sherk 2). Es cierto que a veces el invento canta demasiado cuando hay humanos de por medio, pero en líneas generales resulta impresionante. La música pasa demasiado desapercibida.

Veinte meses de postproducción no han sido suficientes para dar un producto notable. Los fans freaks del juego disfrutarán de cada fotograma; en cambio a los no aficionados nos dolerán los oídos de tanta explosión, la vista de tanta saturación de batallas y el buen gusto de ver algo con tan poca alma. Y amenaza saga, la que nos espera.

Jose Humanes

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