“Black Mirror”; la serie que me ha amargado la semana

Nota:
  • Analizamos sin spoilers la tercera temporada de esta producción de Netflix, capítulo a capítulo

Con su sesión más larga, regresa la serie que trata la tecnología desde el punto de vista más oscuro. Tras dos temporadas de 3 capítulos independientes cada una y un fenomenal episodio especial de Navidad, Black Mirror vuelve a nuestros “espejos negros” para mostrar lo peor de las sociedades en las que los avances tecnológicos han eclipsado las relaciones interpersonales. Pero ya no solo nos muestra situaciones fantásticas, probablemente todas de futuros imaginados, sino que no trae relatos tan reales y desgarradores que te obligará a replantearte tu relación con ordenadores, móviles e internet.

He leído que algunas personas la consideran inferior a las anteriores temporadas y tengo que decir que no estoy nada de acuerdo. Para empezar, no se trata de temporadas al uso, sino que son tandas de telefilms, porque cada capítulo actúa de forma independiente a los demás, sin relacionarse ni con su temporada ni con ninguna otra. Puedes disfrutar de ellos en el orden y el ritmo que quieras, como ya sucedía con otras grandes series de terror como Historias de la cripta Alfred Hitchcock Presenta. Por lo tanto, comparar temporadas es un error, en todo caso se han de confrontar los distintos episodios sin tener en cuenta el año en el que salieron.

Puede que un punto fundamental en la decepción de estos espectadores es la carencia de novedad en el producto. Black Mirror llegó y sorprendió por su tratamiento único de un tema dejado de lado. Por traernos ese neo-terror tecnológico que nos agradó desde el principio al mismo tiempo que nos dejaba con mal cuerpo. Ahora ya sabíamos qué íbamos a ver. Todos ya somos conscientes que finales felices aquí pocos. Pero que ya no sea sorprendente no significa que sea peor, significa que ya hemos normalizado esta genial obra y me alegro, pues no merece pasar desapercibida.

Es cierto que tiene dos capítulos que, sin ser malos, son de los más flojos de la historia de la serie. Estos son Playtesting, con el que me cagué de miedo, la verdad, y La ciencia de matar. El primero es casi una obra de terror adolescente noventero, que se presenta todo muy feliz para entrar tardíamente en la materia pura del horror. La historia funciona e incluso sorprende en ocasiones, se hace amena y disfrutas de ella gracias a su agradable protagonista, pero el final no saben solucionarlo de forma correcta y acaban cayendo en recursos demasiado manidos.

La ciencia de matarpor su lado, es una historia bélica con un -quiero creer- fuerte mensaje oculto a modo de grito contra la xenofobia. Tiene un buen giro, y la idea está bien, a la par que entretenida -todos los capítulos de la serie han sido siempre entretenidos-, pero le falta más espíritu, más historia personal que refleje una sociedad que una directamente social, pues la personal se queda muy pobre y poco interesante.

En Cállate y baila se nos presenta la historia que, sin ser de terror, más miedo da. ¿El porqué? Porque es la más realista y actual hasta la fecha. Todos los capítulos han querido girar en torno a cosas cercanas por mucha ciencia ficción que haya, pero aquí tratamos cosas de la sociedad occidental actual, encima de individuos a priori comunes, con los que te cruzas todos los días por la calle, lo que la hace destacar en este aspecto frente a la también contemporánea El himno nacional de 2011 donde se hablaba no de ciudadanos de a pie, sino de presidentes de gobiernos. Además, lo más terrorífico de esta historia es que todos conocemos sucesos de esa índole por haberlo leído en los medios. Es decir, lo estás viendo mientras piensas que te puede estar pasando, y consiguen jugar muy bien con ello. La estructura es absorbente e insuperable, con grandes actuaciones que te harán simpatizar con los personajes, al mismo tiempo que odiarlos cuando lo merecen.

Cállate y baila es uno de los 4 episodios que demuestran que está a la altura esta tanda de capítulos que las anteriores. Otro de los claros motivos para no menospreciar este nuevo Black Mirror es porque nos ofrece la mejor actuación de Bryce Dallas Howard, en Caída en picado. Vale, todos sabemos que no tiene mucho mérito ya que la actriz nunca ha destacado por saber actuar -cada vez que la recuerdo corriendo con tacones en Jurassic World me entra vergüenza ajena- pero de verdad que aquí lo hace bien. Y no solo por eso merece la pena ese capítulo, sino porque retrata perfectamente lo que está sucediendo a día de hoy en las redes sociales, mostrándonos con una historia de ascenso y caída, como el nombre indica, el futuro más real y cercano de todo el catálogo que nos han ofrecido.

Del mismo modo, hay espacio para las historias de amor, como pudimos apreciar otros años y también esta vez con San Junipero. Se trata de un capítulo que al principio desconcierta por la época en la que transcurre pero pronto vas avanzando en un sinfín de giros imposibles que demuestran que aún Black Mirror puede sorprender. No es que sea el mejor episodio de la temporada, sino que es de los mejores de la serie. Una emotiva historia que agradará tanto a los que están aquí por el contenido de ciencia ficción como a los que no están aquí precisamente por ese mismo contenido. Da igual lo que gire en torno al núcleo, pues este es indiscutiblemente el amor, y a mí me ha enamorado.

Por último, Black Mirror se la ha jugado con un capítulo muy alejado de su esencia, Odio nacional, pues parece que diste mucho de la serie. Se trata de un thriller policíaco perfecto, una buddy movie en la que una pareja de policías investiga unos asesinatos imposibles. La trama engancha como la que más y a mí personalmente me ha encantado, siendo el capítulo con el que más disfruté. Termina, tras unos agradables y nada largos 89 minutos, convirtiéndolo en un puro largometraje. Su independencia respecto al universo que envuelve la serie es tal que perfectamente podría tratarse de un piloto de una nueva apuesta. Y yo apostaría por ello, ya que lo tiene todo para hacerse con el público, desde intrigantes historias hasta carismáticos personajes.

Y una vez hecha la autopsia de la temporada y tras alabar el nuevamente perfecto y necesario trabajo de Charlie Brooker, llega el turno de traducir el título de la pieza. Quien haya visto la serie espero que sepa a lo que me refiero ya, pero es que Black Mirror es la hostia en la cara que todos necesitamos por comportamientos erróneos que ni nos damos cuenta que realizamos, y nos llevan a convertirnos en una sociedad fallida y en un individuo asocial. Es tan cruda y real que, sin necesidad de monstruos ni sustos, es capaz de hacer temblar al espectador… o llorar, pues también es deprimentemente triste lo que narra. No hay espacio para la palmadita en la espalda de Brooker hacia su público, pues todo irá destinado a mostrarte tus defectos, sin pelos en la lengua.

No sé si al final, el título Black Mirror sigue refiriéndose a las pantallas de televisión, ordenadores, móviles… o es ya por ese espejo oscuro en el que se refleja lo peor de nuestra generación.

J. Justo Moncho

ha escrito 286 artículos en Ciempiés.

  • A29

    Buen artículo para una buena serie.
    Sólo discrepo en el asunto de comparar esta temporada con las anteriores. A mí juicio sí que le ha pasado factura a la serie el hecho de pasar de un formato de tres episodios a uno de seis. La razón a mi parecer es que a nivel de producción Brooker ha tenido que dispersar su atención y lo que antes era un esfuerzo por exprimir tres ideas sacándoles el máximo partido posible, en esta ocasión da la sensación de que el hecho de tener que abarcar el doble ha resultado en que algunas de esas ideas han quedado a medio cocer.

    Vamos, que no es lo mismo escribir 180 minutos de ficción que 360 y eso ha terminado por hacer primar la cantidad por encima de la calidad. De haber dividido esta temporada en dos y haber dedicado más tiempo a trabajar los libretos estoy seguro de que se podrían haber obtenido capítulos más sólidos y un conjunto menos irregular.

    • Me alegro que te haya gustado!

      Entiendo lo que dices de que ha afectado el cambio de rutina al producto final, y puede ser un motivo por el que hay un par de capítulos “fáciles”, por decirlo así. De todos modos, lo veo poco profesional ya que si está contratado para realizar 6 episodios tiene que saber si puede o no cumplir. Algo así como lo que pasa con George R.R. Martin y la HBO con Juego de tronos, que se queja de que no le da tiempo a escribir los libros para que la serie no se adelante, pero es él el que decidió firmar, no le apuntaron con una pistola en la cabeza.

      Tendrían que saber lo que son capaces de abarcar para que el producto sea bueno y negociar el mejor contrato posible.

      Un saludo!

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