“El ciudadano ilustre”; probablemente la mejor película argentina del año

Nota:

Al igual que pasa en la literatura, el cine latinoamericano ha mantenido, incluso incrementado, su calidad cuando las obras españolas dejaban en mal lugar las producciones en lengua castellana. Mientras nosotros no encontrábamos nuestra identidad, olvidando que tuvimos una antaño e intentando compensar ese vacío fruto de una situación amnésica con vagas imitaciones estadounidenses -país que tampoco debería tomarse como marco de referencia en lo que a cinematografía moderna se refiere-, en muchos países de latinoamérica forjaban una fuerte personalidad de creciente valor. Esto, cómo no, ha ocurrido también en Argentina, desde donde las últimas décadas no paran de llegarnos títulos dignos de estar en las mejores colecciones.

Un claro ejemplo de este nivelazo que proviene del otro lado del charco es El Ciudadano Ilustre, donde nuevamente el tándem formado por Mariano Cohn y Gastón Duprat, siendo el primero también guionista de la cinta, nos presenta una maravilla imperdible. En ella se retrata la sociedad rural argentina, desde una tragicomedia que evoca a las mejores obras dramáticas. Protagonizada por un hombre que lo tiene todo, Premio Nobel de Literatura, menos un objetivo para seguir disfrutando la vida y, peor aún siendo letrista, menos una musa que le inspire para seguir su obra.

Es una persona egocéntrica, como los mejores artistas, narcisista y, a consecuencia de ello, solitaria. Repudia su pasado, que es el gancho usado por los directores para introducir una crítica feroz a la sociedad más tradicional argentina. Pero, por cosas de la vida, tiene que regresar a su pueblo natal y volver a encontrarse con ese mundo que parece haberse detenido mientras él disfrutaba de su fama en el viejo continente. Así se choca de lleno con la cultura olvidada y debe obligarse a coexistir con ella, con la gente que en su día caricaturizó en sus obras y, por qué no decirlo, con su antigua musa.

Está a medio camino entre la comedia rural y un drama propio del realismo sucio. Repleta de una gran variedad de secundarios que no hacen más que enriquecer la historia a la par de ofrecer un dinamismo muy agradable, llenándola de entretenidas anécdotas que incluso puede que el espectador haya vivido. Figuras con grandes personalidades, personajes muy trabajados y bien interpretados, como en esas grandes historias rurales vistas en Amanece, que no es poco de Cuerda, Calabuch de Berlanga o Amarcord de Fellini. Eso sí, manteniendo esa agradable personalidad de la que hablamos, pues su inconfundible humor argentino y sus carismáticos personajes hacen que El Ciudadano Ilustre se convierta en una obra irrepetible fuera de esas fronteras.

Recordad el nombre de esta obra, pues seguramente suene repetidas veces en las entregas de premios de todo el globo.

J. Justo Moncho

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