“Assassin’s Creed”, atentado cinematográfico

Nota:

Después de dividir a la crítica el año pasado con Macbeth, Justin Kurzel vuelve a la carga para tocar un género totalmente distinto a lo que vimos en su adaptación de Shakespeare. Esta vez se adentra en el peligroso mundo de la adaptación de videojuegos a la gran pantalla, en un año donde Warcraft ha decepcionado a casi todo el mundo. Kurzel adapta con los mismos actores protagonistas de su anterior película, uno de los juegos con más seguidores y más maduro de la industria como es Assassin’s Creed. ¿Cómo le habrá el cambio de género?

Pese a que Kurzel es un director muy visual y sabe manejar la dirección de un proyecto ambicioso, en esta propuesta fracasa en todos los sentidos ofreciéndonos una historia sin interés, muy aburrida y sin ningún tipo de aliciente para el espectador. No solo es mala a nivel cinematográfico, si no que sus incoherencias históricas harán que más de uno se lleve las manos a la cabeza. Para los fans del juego encontrarán alguna referencia que quizá les haga gracia, pero dudo mucho que acaben satisfechos con el resultado final del producto. Muchos fan freak han catalogado a este producto como la mejor adaptación de videojuegos al cine y lejos de faltarles al respeto, deberían reconsiderar su gusto al séptimo arte. Lo peor es cuando acaba el suplicio, aparecen los créditos y te quedas en la butaca de cine con cara de incredulidad y pensando si de verdad es rentable para ti haber perdido casi dos horas de tu tiempo con un producto tan nefasto y con tan poco sentido. Con un final penoso dónde parece que se le acabó el presupuesto al director y acaba abruptamente.

En cuanto a los actores, la cinta desperdicia un plantel de lujo. Michael Fassbender lo intenta y le pone muchas ganas, pero poco puede hacer con un guión con tan poca chicha y solo puede destacar en la cinta cuando se quita la camiseta. Con lo enorme que es Marion Cotillard aquí está muy poco aprovechada, con un papel que no sabes por donde cogerlo y que llega a superar a su horroroso papel en la tercera parte de Batman de Christopher Nolan. Jeremy Irons está a la altura de su interpretación de Batman v Superman.  Brendan Gleeson y Charlotte Rampling quedan en cameos desaprovechados sin apenas importancia en la trama  al igual que Michael K Williams. Por último mencionamos a nuestros españoles Carlos Bardem y Javier Gutierrez que quedan como meras caricaturas de la sociedad española del Siglo XV con un Torquemada por parte de Gutierrez muy deficiente.

 

La fotografía es de los puntos más fuertes de la cinta, algo que Adam Arkapaw ya demostró en Macbeth y que hacía uno de los puntos más fuertes de la producción. Aquí lo vuelve a repetir esa buena labor en las tomas de Sevilla, Madrid y en las escenas de acción. En cuanto a la partitura de Jed Kurzel pasa sin pena ni gloria, sin ningún tema destacable que se quede en la mente del espectador.

En resumen, un auténtico escupitajo a la cara del cinéfilo que busca propuestas entretenidas sin más. El mundo del videojuego en el cine sigue maldito y con productos así difícilmente podrán hacerse buenas películas que plasmen las horas de diversión que pasas en la consola a la gran pantalla. Nada es verdad, todo está permitido menos hacer basuras como esta.

Jose Humanes

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