“Loving”; buena obra que mejoraría dejando el narcisismo a un lado

Nota:

Estamos en plena temporada fuerte de premios y como es costumbre, las distribuidoras han destinado estas fechas para traernos los estrenos que más sonarán como nominadas. Ese es el caso de Loving, una cinta construida con el objetivo de acabar en las pantallas de las entregas de premios, lo cual no significa que sea mala obra, pero la convierte en un producto que creeremos ya haber visto en más de una ocasión, con la misma fórmula y resultado que otras muchas.

La cinta es un basado en hechos reales sobre una pareja interracial americana que fue expulsada del estado de Virginia entre los 50 y 60 por contraer matrimonio. Su lucha sirvió para que se modificara la constitución de EEUU y se admitiera este tipo de enlaces. A priori parece muy interesante por la premisa, pero Jeff Nichols se hace un lío con los tiempos de la cinta y acaba provocando irregularidades en el ritmo con el que avanza. Si en un principio tenemos una historia romántica con ciertos obstáculos, a lo que le sigue un drama de cómo convivir con una marginación racista, no es hasta los últimos 45 minutos que se empieza a tratar lo que en mi opinión va a nutrir más al espectador, que es el proceso judicial que creó un antes y un después en la sociedad americana.

Lo malo, como decía, es que al haber dejado poco tiempo para el caso, beneficiando temas más triviales, no hay suficiente espacio para desarrollarlo y debe Nichols aumentar la velocidad de esta parte y pasar por alto mucha información, lo cual no supondría ningún problema si no fuera porque se notan esos vacíos.

En el caso de las actuaciones ocurre algo parecido, sobre todo en el personaje de Ruth Negga. En la primera parte de la película se la ve en un segundo plano, tímida y oculta tras la figura de su coprotagonista. Parte de la culpa es de la construcción -o recreación en este caso- del papel, pues no le dan tantos matices como sí podría tener el de Joel Edgerton. No obstante, durante el proceso judicial se le ve más crecida, disponiendo también de más protagonismo anteriormente ensombrecido, y deleitándonos así con una interpretación más que decente.

Eso sí, el pilar central es Joel Edgerton, cuyo personaje es el que al director le ha parecido más interesante para mostrar, cosa con la que discrepo. El actor cumple durante toda la película, en su línea. Probablemente el mejor intérprete actual de tíos tristes.

Como decía al principio, es una obra que busca la simpatía de un jurado, lo que obliga a esperar mucho más de ella y a perdonar menos. Algo que me recordó a El Mayordomo por su clara intención caza-Oscar y que seguramente cierre la temporada de la misma forma, pues, pese a no ser una mala película, por suerte hemos disfrutado de producciones mejores.

Antes de despedirme necesito compartir una cosa o reviento: ¿soy el único que al ver el póster se pensaba que la peli iba sobre que Ruth Negga tenía que cuidar de un viejo?

J. Justo Moncho

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