El cine y su visión catastrófica de las tecnologías

El lado oscuro de la cinta

El cine nos ha acompañado a lo largo del último siglo recreando escenas históricas, amorosas, bélicas e incluso de ciencia ficción. Nació en 1895 por parte de los hermanos Lumiére y en estos últimos 120 años ha mantenido un carácter lúdico prominente, aunque en muchos otros casos estas cintas han suscrito la importancia de un medio para no solo fantasear y viajar a otros mundos imaginarios, sino también para manifestar problemas sociales y reflejar en su plenitud a la sociedad en la que vivimos y hemos vivido a lo largo de las décadas.

Escenificar una sociedad futura es uno de los fetiches del séptimo arte entre otros, empeñado en situar al ser humano mucho más adelantado en el tiempo. Incluso la tecnología en ocasiones ha permitido viajar en la línea temporal que conocemos. Esto, una vez más, no se entiende sin un factor tecnológico adelantado a nuestro tiempo. No se entienden los viajes espacio-temporales sin la ciencia y las tecnologías. El cineasta insiste en la cuestión de acudir a la razón, al hombre de ciencias, para lograr cosas imposibles como vemos en Donnie Darko, Regreso al futuro, Jurassic Park, Interstellar o Elysium.

Esta evolución no fue solo captada por los amantes del cine, sino que ya en los años 60 Habermas publicaba un estudio sobre la nueva esfera pública. En él el filósofo destacaba la importancia de los mass media y forjaba el concepto de refeudalizacion de la esfera pública. Esta “refeudalización” transforma la política en un espectáculo dirigido. Otro concepto representado en el cine, en largometrajes ya sonados como Nixon de Oliver Stone, película protagonizada por Anthony Hopkins.

La moralidad de las tecnologías

Con el nacimiento del cine el debate de la moralidad no estaba relacionada con el campo de la electrónica y de las nuevas tecnologías. Sin embargo, con la llegada de nuevos avances y de la posibilidad de la clonación, simulaciones informáticas de humanos y la creación de cuerpos robóticos humanoides la polémica está sobre la mesa. Y frente a la cámara. Lo llamativo en esta ocasión no es que se fantasee con una tecnología avanzada y casos increíbles, sino que en gran parte de ellos se refleje una visión de una tecnología avanzada pesimista, triste e incluso en ocasiones caótica y catastrofista.

El hecho de la clonación fue perfectamente recreado en Moon, película de Duncan Jones e interpretada por Sam Rockwell que trata de manera cruda el sistema de una clonación deshumanizada. El clásico de Blade Runner es otro de los ejemplos sumados a esta idea de moralidad tecnológica con tintes sucios producidos por la creación de unos seres, los replicantes, con capacidad reflexiva sobre su propia existencia.

Si seguimos hablando de recreaciones de cuerpos humanos podemos hablar de las novedosas Westworld e incluso Ex machina, obras en las que se mezcla lo moral por tener a un ser reflexivo encerrado con el miedo que nos produce una posible rebelión de las máquinas.

Código fuente es otra cinta que aprovecha para reflejar una situación macabra como la de utilizar la mente de una persona muerta para reconstruir la escena de un crimen y finalmente conseguir atrapar al terrorista. Otra interpretación del avance tecnológico que no acaba en buen término.

La soledad y su solución es otro de los temas que se tocan en Her, película protagonizada por Joaquin Phoenix que presenta la posibilidad de mantener una relación sentimental con un programa informático y que, una vez más, no termina con buena moraleja.

Visión catastrofista y tecnófoba de Hollywood

Pero no todos los matices son morales. Hollywood y la mayoría de las recreaciones de tecnologías futuras llevan un desencadenante aterrador y apocalíptico. Ya vimos a un ejército de terminators arrasar el futuro próximo por culpa de John Connor y la rebelión de nuestros sirvientes robotizados en Yo, robot. Una concepción demasiado realista para muchos de nosotros que, en gran parte, ha sido producida por constante utilización de la idea en la gran pantalla.

El sentimiento de un miedo hacia la rebelión de las máquinas queda reflejada en el imaginario colectivo gracias a cintas como Alien, 2001: Odisea en el espacio, La era de Ultron o la propiamente titulada La rebelión de las maquinas, primera película escrita y dirigida por el escritor Stephen King en 1986. La cinta animada Wall.e, por el contrario, humaniza más que nadie a un pequeño robot, que sueña con un planeta tierra floreciente y que sitúa al problema en la codicia y vagueza del propio ser humano.

Pero si debemos resaltar la ficción actual perfecta que represente el sentimiento de tecnofobia de los productos audiosivuales es Mr.Robot. Una serie de televisión que replantea en la totalidad de su trama el concepto de esfera pública digital tal y como lo conocemos con la llegada de las nuevas tecnologías y de las redes sociales. Tal y como podemos leer en “La esfera política digital y el activismo político” de Juan Pecourt, la serie de televisión protagonizada por Elliot Reimi manifiesta los mismos conceptos de los que se hablan en el ensayo y aprovecha el activismo digital ampliado, aprovechando las facilidades otorgadas para desarrollar nuevas técnicas y estrategias mantenida instalada en la lógica de los medios de comunicación de masas.

¿Mundo real o mundo ficticio?

Hemos hablado de películas de la gran pantalla que denuncian el miedo hacia las próximas tecnologías venideras, pero, ¿podemos ver el peligro que acecha? ¿sabemos lo que es real y lo que no?

Según demuestra el estudio realizado por Jordi Busquet y la Universitat Ramon Llull (URL) los jóvenes confunden realidad con el mundo virtual. La muestra de esta investigación fue compuesta por 120 jóvenes y 60 adultos, siendo la conclusión de esta que son dos realidades paralelas que forman parte de la propia vida”.

Se entiende que esta inmersión no llega a ser totalmente confusa para los usuarios que la utilizan, pero, ¿ocurre lo mismo con los productos audiovisuales?

El ejemplo más claro de esto es la idea de Platón de los dos mundos, reflejada directa o indirectamente en la cinta de las hermanas Wachowski, Matrix. Una dicotomía entre el mundo en el que vivimos, al que estamos acostumbrados, y el mundo real, controlado, invadido y destruido por máquinas, que para más inri son las que nos mantienen sumergidos en este falso mundo.

Otros ejemplos de esta difusión de la realidad son Desafio total, Sword art online, Origen o Gamer, una película de calidad dudosa que plantea un futuro en el que la moralidad de nuevo se vea afectada por los actos que se cometen en nombre de la tecnología y donde el control mental de las personas pase a convertirse en un juego para unos y en la vida y la muerte para otros. 

Como conclusión podríamos decir que, al menos la visión mayoritaria de los productos audiovisuales referentes a un futurismo tecnológico se califica en su gran mayoría de unas predicciones catastrofistas. Tecnófobos o simplemente actores que aprovechan el miedo para vender que la propia esfera pública está en peligro. Un debate que sigue sobre la mesa y que, en ocasiones, más que dudas tenemos certezas.

 

Javier Sólvez

Javier Sólvez López ha escrito 222 artículos en Ciempiés.

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