“Atómica (Atomic Blonde)”; Theron, Charlize Theron

Nota:

Co-director de la elevada a cinta de culto John Wick y curtido como doble de acción, David Leitch ofrece con Atómica una lúdica y disfrutable cinta de espías llena de estilizada acción y que ofrece a Charlize Theron, un vehículo de lucimiento para ella y su confirmación como la más potente de las power woman del cine actual; además de resultar uno de los ejercicios posmodernos más disfrutables del año cinematográfico.

Tras el portentoso papel como Imperator Furiosa en la magnífica Mad Max: Furia en la carretera – personaje icónico y pilar del empoderamiento femenino en el cine contemporáneo -, Charlize Theron parecía demandar papeles de esta índole, con los que alzarse como paradigma de la heroína de acción en el cine actual. Su portentoso y bello físico y su ya sabidas grandes dotes como actriz son sin dudarlo el gran atractivo de una cinta realmente disfrutable y a la que hay que ir sin grandes pretensiones.

Theron es Lorraine Broughton, una letal y sensual agente del MI6 que es enviada a una Berlín que vive los días previos a la caída del muro, en busca de un disco duro que contiene todos los nombres de los espías encubiertos. A esto de añade la muerte de un agente con el que pareció tener un escarceo romántico y el continuo espionaje sobre ella de agentes dobles enemigos. Todo ello será contado en flash-back por Lorraine desde una sala de interrogatorios donde un jefe del MI6 (Toby Jones) y uno de la CIA (John Goodman) le ametrallan con preguntas sobre lo sucedido en la misión.

Atómica se alza como puesta al día y homenaje al cine de espías que hizo furor en los años 60 y 70; una mezcla entre las novelas de John Le Carré, el aire lúdico del pulp y una estética bañada de luces de neón del cine de los ochenta; aderezado todo por una mirada al espionaje más vibrante y más ligera, deudora de personajes como Ethan Hunt o Jason Bourne.

Leitch nos lleva a una Berlín dividida y decadente, llena de genial música pop y de clubs nocturnos por la que Theron magnetiza nuestra mirada en la piel de Lorraine, una mezcla irresistible de sensualidad, fuerza y frialdad.; enfrentándose a montones de agentes enemigos y buscando destapar la conspiración, llena de trampas argumentales y de giros de guión.

Leitch encuentra en su estilizada visión y en su coordinado diseño de las secuencias de acción sus momentos más memorables, destacando una construcción de las escenas de lucha basadas en la falta de cortes y en una construcción en plano secuencia que deja escenas de gran maestría como la pelea en el cine donde se proyecta Stalker de Tarkovsky (todo un hedonismo cinéfilo) y una larguísima lucha en un piso decadente construida por un falso plano secuencia que recorre casi todo el edificio y termina en una huida en coche por las calles de Berlín.

Todo ello llevado en hombros de una Theron hipnótica, que se entrega físicamente a la acción y ofrece un fascinante personaje que puede darle más películas en el futuro. Acompañada además de el James McAvoy delirante y ambiguo al que estamos acostumbrados últimamente y una atractiva Sofia Boutella con la que Theron deja una irresistible química que va más allá de la lésbica escena de sexo que ambas comparten.

La cinta no se sale jamás de los clichés del cine de espías y su trama es demasiado ligera y endeble en cuanto empiezas a rascar en ella, abusando en su último tramo de trampas de guión. Todo esto no permite a la cinta ser más brillante de lo que ya es, pero es indudable que Leitch no tiene más pretensiones que las que la cinta consigue; convirtiéndose en uno de los grandes placeres de la temporada veraniega con su hiper estilizada acción y con una protagonista femenina que confirma el carisma y la excelencia de Charlize Theron como actriz, mujer y paradigma para un futuro con vibrantes papeles femeninos como éste dentro del masculinizado mundo del cine de acción.

Jose Asensio

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