“El hijo de Jean”; reconstruyendo el puzzle de la ausencia paterna

Nota:

En el octavo largometraje de Philippe Lioret, el cineasta francés vuelve a profundizar en el ecosistema familiar con una cinta sin artificios y de gran sobriedad dramática que juega con elementos del polar francés para construir un relato sobre la necesidad humana de construir nuestro puzzle familiar y concienciarse de los errores del pasado para no cometerlos nosotros.

Mathieu es un hombre que ha pasado la treintena, que se dedica con cierto éxito a comercial de una multinacional de piensos para mascotas en París y que busca mejorar siempre la relación con su hijo. Una mañana recibirá una llamada de Montreal (Canadá) comunicándole el fallecimiento del padre al que nunca conoció, legándole un carísimo cuadro. Individuo del que su madre no le había hablado, haciéndole entender que fue un escarceo de una noche. Mathieu decide viajar un fin de semana a la ciudad canadiense para asistir al funeral y de paso conocer y poner rostro a dos hermanos de los que no sabía nada, buscando construir una imagen de su padre ausente.

Cuando llegue a la ciudad canadiense, le espera un anciano amigo de su desaparecido padre llamado Pierre, informándole de la desaparición del cadáver en un lago cuando le dio el ataque al corazón pescando. Mathieu se ofrece a ayudar a la búsqueda del cuerpo junto a sus dos nuevos hermanos; la jornada le revelará la mala relación entre los dos hermanos y el interés económico que tienen en la herencia del padre. Descubrirá además por sus conversaciones con Pierre que su padre era un mujeriego cirujano; tras esto Mathieu comenzará a relacionarse también con la esposa y la bella hija de éste, dotando todo un sólido libreto sobre la relación y la búsqueda de nuestros orígenes que plasma una atmósfera fría y un cierto halo de misterio dentro del costumbrista drama familiar en el que se contextualiza.

La revelación de la notable El desconocido del lago de Alan Guiraudie; Pierre Deladonchamps construye un Mathieu acertadamente contenido – quizás falto de costuras – y deja una excelente química con un extraordinario Gabriel Arcand, con una entereza humana y prodigio gestual que se eleva en un tramo final donde las cartas se descubren y Lioret teje un nudo en la garganta al espectador por una construcción basada en las miradas y los silencios (magnífico uso de los retrovisores), apoyados en sus extraordinarios intérpretes – destacar también los grandes trabajos de Catherine de Léan y Marie-Thérèse Fortin, como esposa e hija de Pierre – y sin caer en el culebrón o la emoción fácil.

Enganchando al espectador para que todo lo aún por revelarse y decirse entre Mathieu y Pierre no se quede en el aire, ofrecido además por una inteligencia y sobriedad, un uso escénico del tiempo y una excelente dirección de actores que completan a El hijo de Jean como una cita ineludible para los amantes del buen cine europeo, construyendo un drama familiar desde la inteligencia y una autenticidad que no deben pasar desapercibidas.

Jose Asensio

Jose Asensio ha escrito 335 artículos en Ciempiés.

A %d blogueros les gusta esto: