Sí, aún más (y mejor) “stranger”

Análisis de la segunda temporada de Stranger Things y retrospectiva de la producción revelación de Netflix

Este reportaje contiene spoilers de ambas temporadas de Stranger Things. Leedlo bajo vuestra responsabilidad. 

Aún recuerdo aquel primer encuentro, en aquella primera temporada de Stranger Things, que Mike, Dustin y Lucas tuvieron con Once. Aquella lluviosa noche de noviembre en Hawkins, la pandilla más malhablada del Medio Oeste americano se topó, por casualidad, con la pequeña fugitiva mientras buscaba a su desaparecido amigo Will, que seguía intentando escapar del Mundo del Revés. Y gracias a esa casualidad, que la RAE definiría como serendipia, hemos podido disfrutar de una de las mejores historias que ha dado la televisión en los últimos años.

Y ahora, los hermanos Duffer y Netflix nos han brindado la posibilidad de asistir a la segunda entrega de las peripecias de estos pequeños deslenguados y de su poderosa amiga. E igual que en un principio los protagonistas acabaron encontrando lo que no buscaban, en esta ocasión, mientras buscaban otra dosis de aventuras, se encontraron, de pronto, con la madurez.

Stranger Things

Un paso hacia la madurez

Los chicos han crecido. Y la serie ha crecido con ellos. Mantiene la nostalgia ochentera -eso es innegociable en Hawkins, porque, en sus ratos libres, los chicos pasan las horas en los recreativos del pueblo o se disfrazan de los Cazafantasmas o escuchan a Bon Jovi y The Police-, pero de forma más oscura, menos obvia que la anterior temporada, en la que a cada paso nos encontrábamos con Los Goonies y Poltergeist. Stranger Things ha evolucionado en una versión más lúgubre, más completa, de sí misma. Más stranger, como prometían los carteles promocionales de la productora.

Si la primera temporada encontraba sus fuentes en dichas películas, míticas de la década de los 80, ahora la línea argumental se ha desviado de la nostalgia más benevolente hacia el conflicto entre dos fuerzas, el bien y el mal, más habitual en otras producciones de fantasía y ciencia ficción. La trama general parece sacada más de la primera parte de la saga Alien y de El Señor de los Anillos. Y son varias las referencias que, desde mi punto de vista, si a alguien le importara, así lo demuestran.

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El individuo sobre el grupo

La pandilla no está tan unida en esta segunda temporada porque sus adversarios son menos concretos: ya no hay soviéticos ni Guerra Fría. Cada uno tiene sus problemas, su misión, y deben resolverlos por su cuenta para poder hacer frente, más tarde, al temible enemigo común. ¿No les suena el argumento? Podríamos decir que la «Comunidad del Anillo» de Hawkins se ha disuelto, ¿no? Vayamos por partes.

Mike y Will, y su madre, Joyce, interpretada magistralmente de nuevo por Winona Ryder, plantan cara al Monstruo de las Sombras -recordemos que la maldad de Sauron en la Tierra Media era conocida como «La Sombra»-, un antagonista de estética parecida a los xenomorfos de Ridley Scott, y descubren los planes del malo gracias a la conexión que este tiene con Will, que no ha acabado de volver del todo del Mundo del Revés, igual que hiciera Gandalf con Pippin y el Palantir de Saruman cuando el hobbit demostró ser más curioso de lo debido en Rohan.

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Hawkins: La Tierra Media de EEUU

Luego están Dustin, Lucas, Steve y Max, la chica nueva del pueblo, que se embarcan en varias peligrosas misiones para acabar con los «demoperros», seamos precisos al hablar, siguiendo el ejemplo de Aragorn, Legolas y Gimli cuando Frodo y Sam, ahora iremos con este último mediano, deciden poner rumbo a Mordor por su cuenta. Y tal como pasara en la magna obra de Tolkien, el conflicto de las fuerzas del bien contra las del mal no llegará a buen puerto hasta que todos los componentes del grupo vuelvan a estar unidos.

Por cierto, en una de las últimas escenas de la segunda entrega de la serie se ve claramente la influencia de la versión cinematográfica de Peter Jackson, precisamente cuando todos, o casi todos, los miembros del elenco se atrincheran en casa de Will para combatir a sus siniestros enemigos; y la forma de filmarla no dejaba de trasladarme a las minas de Moria, a los momentos previos al momento en que la Comunidad original se ve obligada a doblegar a todo un trol de las cavernas.

Once, la maga

Y, de nuevo en El Señor de los Anillos, ¿gracias a quién lograron Frodo y los demás salir de Moria? Sí, a Gandalf. Y, ¿gracias a quién consigue derrotar la pandilla de Stranger Things a los malos de Hawkins? Sí, a Once, uno de los mejores personajes de la televisión actual por su carisma y por la grandísima actuación de Millie Bobby Brown. Gracias, decía, a unos personajes que tuvieron que hacer frente a sus enemigos para volver, en una versión 2.0 de ellos mismos, de dos dimensiones paralelas y salvar a sus compinches. Además, tanto al mago como a la poderosa fugitiva les une el haberse refugiado con otros valedores: Once con Jim Hopper, un retrato melancólico de Indiana Jones, que no puede pasar sin su sombrero, y Gandalf con los Ents.

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Cada uno a lo suyo

Y, no me olvido, qué decir de Samsagaz, qué decir de Sean Astin, que ahora es Bob y que antes fue protagonista de Los Goonies. Qué decir de la genialidad de los hermanos Duffer al conectar, de manera sublime e insuperable, la primera temporada, que estaba plagada de referencias a la trilogía de la Tierra Media y El hobbit en sus versiones literarias, con la segunda con un solo personaje, uno de los más entrañables de la serie. Qué decir de la muerte más sobrecogedora y violenta de Stranger Things. Por desgracia, esta vez no se trataba del mapa de un tesoro pirata, Bob.

Decía que la serie se ha vuelto más stranger porque la pandilla ya no está tan unida como antes. Ahora, estos pequeños, que ya no lo son tanto, resuelven sus problemas por su cuenta. Dustin, Dart y el gato de su madre; Lucas, Max y el racismo latente del hermano de la chica nueva; Steve contra sus viejos amoríos y costumbres; Nancy y Jonathan, quizá la línea argumental más floja de Stranger Things, con sus nuevas idas y venidas, y sus investigaciones; Once buscando sus orígenes y Hopper buscando a Once; Will el destemplado y Joyce contra sus nervios… En fin, en lugar de un protagonismo coral, ahora tenemos personajes principales de diferentes historias que, con sus más y sus menos, son igual de electrizantes y adictivas que en anteriores entregas.

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El polémico séptimo capítulo

Pero, cómo no, esta segunda entrega ha suscitado polémica. Después de la casi perfecta ejecución y conclusión de la primera, esta tanda de capítulos había despertado una gran expectación entre los seguidores de la serie, así que era previsible. Sí, estoy hablando del famoso séptimo capítulo, titulado La hermana perdida. En este se nos cuenta el viaje de Once para buscar y encontrar a su hermana, que resulta tener muy mala leche, entre un grupo de forajidos punkis caracterizados muy al estilo de los replicantes de Blade Runner.

Se ha escrito que es un capítulo innecesario por la falta de enjundia de su trama, que corta el ritmo narrativo del resto de la producción. Y no es cierto. No le falta peso dramático porque sirve para profundizar en este personaje, para reforzar las ideas de que lo único que busca es un hogar, una familia, y de que lo ha encontrado en Hawkins, junto con Hopper, Mike y compañía. Y no corta el ritmo general porque este es menor, más pausado, en la segunda parte, en comparación con el frenesí de la primera.

Recordemos, además, que gracias a este capítulo, la reaparición de Once cobra sentido, evitando un Deus ex machina que, igualmente, habría despertado las iras de muchos. El episodio es largo, sí, podría haberse resuelto en unos minutos, en una especie de epílogo, en uno anterior, de acuerdo, pero hagamos memoria y veremos que en Juego de Tronos muchos se quejaban de la falta de contexto y de los saltos temporales de la séptima temporada. ¿En qué quedamos, entonces?

Hecha para disfrutar y devorar

El tiempo ha pasado por Hawkins; 352 días, concretamente. Y a pesar de ello, Stranger Things sigue siendo una de las mejores series de los últimos años, una de las historias mejor construidas. Los hermanos Duffer han sabido aunar la nostalgia con la complejidad para brindarnos una producción hecha para disfrutar, para devorar sus capítulos casi de una sentada. Una serie «cojonuda», como diría aquella. Y aunque las cosas se vuelvan aún más stranger en el futuro, contaremos los días que quedan para ser testigos de ello.

Guillermo García Gómez

Guillermo García Gómez ha escrito 37 artículos en Ciempiés.

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