“El instante más oscuro”; Wright construye su biopic sobre Churchill desde su elegante manierismo, regalando un portentoso one man show a Gary Oldman

Nota:
Wright magnifica la figura de Churchill sin que ello reste a apreciar el complejo carácter de tal carismática figura; desde su ya icónico comportamiento gruñón y cínico hasta su fuerza verbal

Segunda exploración en menos de un año de la figura de Winston Churchill que devuelve al estimulante director Joe Wright a la Segunda Guerra Mundial (como en su obra maestra Expiación) tras varios proyectos irregulares que sigue una narración marcada en un calendario y que sigue los primeros pasos de Churchill como Primer Ministro y su decisiva acción tanto en la operación Dynamo como en el devenir de la guerra frente al régimen nazi.

Tras las composiciones para nada desdeñables de John Lithgow (en la serie The Crown) y Brian Cox (Churchill de Jonathan Lepitzky), Wright toma el control de esa ficción histórica construyendo un one man show para Gary Oldman, en la piel del Primer Ministro, que bien puede valerle un merecido Oscar en un enorme trabajo de transformación; valiendo la pena su esfuerzo por imitar el habla de Churchill además de la labor del departamento de maquillaje.

A diferencia de la más académica e impersonal Churchill estrenada hace unos meses en la que se ahondaba en la figura de Churchill desde un tono más introspectivo y psicológico frente a otra decisión clave en la contienda como fue el desembarco de Normandía; La hora más oscura estudia mucho más al personaje desde su asunción de icono y relevancia histórica; desde un tono mucho más épico y grandilocuente que le acerca más a los biopics de Hollywood; aunque mucho más rica en su exploración formal y reconstrucción de esos momentos.

Wright magnifica la figura de Churchill sin que ello reste a apreciar el complejo carácter de tal carismática figura; desde su ya icónico comportamiento gruñón y cínico hasta su fuerza verbal, determinación e incluso sensibilidad. Volviendo a destacar la gigantesca composición de Oldman; que brilla en un conjunto para nada desdeñable.

Si este drama histórico merece la pena ser visitado (más allá de por el señor Oldman) es que Wright no pierde los elemntos formales y narrativos de su personal mirada; tejiendo una grandilocuente ficción histórica desde su talentoso manierismo y su mirada renovadora al clasicismo arquetípico; teñida de un halo de artificio teatral (como ya evidenció aún más en su versión de Ana Karenina) que permite exhibir aún más las virtudes formales de Wright para las composiciones equilibradas y su milimetrado cuidado.

La cinta aboga a lo épico, discurre siempre por el drama más político y el idealismo; reconstruyendo algunos de sus memorables discursos en una enorme decisión para el país británico que se debatía, frente a la imparable invasión nazi; si continuar firmemente la lucha y la ayuda a los Aliados o negociaba un acuerdo de paz con Hitler; siendo los conflictos generados a nivel parlamentario el epicentro de la trama.

Si en algo languidece este épico drama histórico sobre el mito de Churchill es por que no puede salvarse de las lacras del one man show; Oldman domina las dos horas del filme con su enorme composición del líder político, anhelando quizás un mayor desarrollo y presencia de personajes relevantes como la esposa de Churchill (Kristin Scott Thomas) o el rey Jorge VI (Ben Mendelsohn); que siempre resultan elementos subordinados a la magnificencia de Oldman.

 

Jose Asensio

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