“Silvio (y los otros)”; Sorrentino construye desde la parodia y la irónica admiración el imaginario tras una de las figuras más polémicas de la política

Nota:
Como uno de los proyectos más esperados del cine europeo, el laureado Paolo Sorrentino aborda la figura de Silvio Berlusconi en esta irregular visión del político más megalómano, polémico y relevante de la Italia reciente

Una década después de ofrecer un filme alrededor del político Giulio Andreotti en la excelente Il Divo y encumbrar su estilo en La gran belleza; Paolo Sorrentino aborda ahora la figura del polémico, juerguista y poderoso Silvio Berlusconi desde un exceso estético similar al de su obra maestra aunque mucho más irregular en conjunto y sin llegar a profundizar al individuo que retrata; sino enarbolando su visión e imaginería como político y hombre conservador y populista y de como el resto de sus aliados, amigos y “velinas” le veían.

El filme se inicia desde una negra imagen metafórica en la que una pequeña cabra entra en la mansión de Silvio. Allí se encuentra la televisión encendida con un concurso lleno de azafatas y el show habitual que Berlusconi propugnó en su marca Mediaset; a ello, se suma un gélido aire acondicionado que va descendiendo la temperatura. La cabra obnubilada por la televisión ve como su vitalidad decae hasta caer congelada. Una clara metáfora del abuso de poder y corrupción, del poder de persuasión e imaginería de un megalómano político que se creyó más grande que la vida y su país.

Lanzada en dos partes en Italia tras su tímido paso por el Festival de Toronto; la esperada mirada a Berlusconi de uno de los directores italianos más brillantes del cine contemporáneo prometía mucho antes del resultado final; llegando a neustros cines en un montaje final internacional de dos horas y media en el que se pierden 54 minutos del metraje completo. Este elemento y otrora la falta de profundidad y análisis sobre la figura por parte de Sorrentino dejan un filme irregular; brillante en lo escénico y formal en muchas de sus secuencias pero con un sentimiento de vacío que evocan un Sorrentino acomodado en su poética mirada al exceso y la absurdez de la dolce vita y la decadencia de las corruptas clases altas.

Entre la fascinación por el personaje y su imagen, la parodia y la absurdez tanto de su megalomanía como de la política italiana; a Sorrentino le falta probablemente una mayor crítica y profundidad política frente a la polémica figura que expone. Dejando de lado su vertiente más felliniana en favor de la comedia popular de los 50 y 80; con su erotismo y exceso.

Con un Toni Servillo como siempre majestuoso, Silvio (y los otros) resulta una decepción en conjunto a causa de su irregularidad y falta de profundidad política y social en la mayor parte del metraje. A causa de un Sorrentino acomodado en su retrato del ego, los vicios y la decadencia de la corrupta clase política alrededor de la megalomanía de Silvio Berlusconi. Faltando – salvo en su secuencia inicial y en su último tramo – un mayor peso de crítica al retratar a una de las figuras más controvertidas de la política europea de nuestra era.

 

Jose Asensio

Jose Asensio ha escrito 437 artículos en Ciempiés.

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