“El vicio del poder (Vice)”; Adam McKay pone en el dedo en la yaga de la política estadounidense en esta juguetona y digresiva sátira en torno al ex-vicepresidente Dick Cheney

Nota:
Con una contundente crítica a los entornos políticos estadounidenses dignas del mejor Oliver Stone, Adam McKay se confirma como uno de los directores más incómodos y expone los diretes y corrupciones políticas que han llevado a que figuras como Donald Trump estén en la Casa Blanca

Tras curtirse como guionista en Saturday Night Live y dirigiendo comedias para su colega Will Ferrell; Adam McKay dio un paso adelante como relevante nombre en el cine USA con la sátira que reconstruía la semilla y las claves que llevaron a la crisis económica del 2008; ofreciendo un juego de rupturas de la cuarta pared, digresiones didácticas y alusiones referenciales que ofrecían un tono explicativo, frenético y entendible para el público convencional. Esas virtudes se mantienen en este brutal dedo en la yaga a la política estadounidense.

El filme aborda la figura de Dick Cheney; una de las figuras, para bien o para mal, más relevantes de la política estadounidense en las últimas cuatro décadas. Un sibilino vicepresidente y habitual interesado en los puestos y poderes políticos y empresariales que en especial aprovechó toda su perspicacia como vicepresidente del gobierno de George W. Bush; aprovechándose de la inexperiencia de éste y siendo la mente pensante tras polémicos cambios como el ceder el poder ejecutivo a la figura presidencial, el “desarme” de Irak tras el 11-S o la aceptación de emplear torturas para extraer información a los presos y presuntos terroristas.

McKay recorre casi cuatro décadas de la política republicana estadounidense desde un frenético montaje lleno de digresiones y referencias. Que, al igual que La gran apuesta, peca de cierta sobredosis explicativa y un ingenio disruptor que a veces apabulla. Junto a McKay, un reparto majestuoso de primera fila centrado en la (de nuevo) poderosa transformación física de Christian Bale como Dick Cheney, aportándole a un personaje tan malévolo cierta debilidad y humanidad que podría valerse su segundo Oscar. Junto a él, una estupenda (como siempre) Amy Adams como la esposa Cheney, que ejerce de poderosa y manipuladora mujer en la sombra – tipo de rol que ya bordó en la magistral The Master de Paul Thomas Anderson – y un Sam Rockwell en plenitud interpretativa y brillante en la piel de un manipulable George W. Bush.

Sin resultar brillante en todos sus aspectos a causa de un apabullante tono explicativo, McKay se confirma como una incómoda voz para la realidad y pasado reciente estadounidense desde el humor y la sátira; ofreciendo una narración frenética y original en su montaje que se transforma en una de las críticas más contundentes a como la política y sociedad estadounidense ha ido plantando semillas para la llegada de Trump desde hace ya años; recordando en esa incomoda y provocadora mirada a los oscuros poderosos al Oliver Stone más político y biográfico de JFK, Nixon o W (el biopic sobre Bush; interpretado allí por Josh Brolin).

 

Jose Asensio

Jose Asensio ha escrito 437 artículos en Ciempiés.

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