No-ficción: Muerte en Le Petit Marbeauf

Seguramente, el calor de la sala era asfixiante. Hablamos de un 23 de junio 1959, hace unos días que empezó el verano y en una época donde la ventilación en edificios era anecdótica. La gran densidad de población de París y su agradable clima veraniego no ayudaban a la persona que huía de esas temperaturas. Un hombre con el ceño fruncido se encontraba en una butaca oculto entre la multitud en Le Petit Marbeuf. Aunque entró con sigilo y sin llamar mucho la atención, mientras avanzaba el metraje no pudo seguir pasando desapercibido. Continuamente se quejaba en voz alta de lo que estaba viendo, molestaba a los tranquilos espectadores de su alrededor que tuvieron que llamarle la atención varias veces para que les dejara disfrutar de la película. El enfadado hombre recordó las sanciones que tuvo que pagar, la constante lucha contra los críticos y las fuertes discusiones en el trabajo que lo llevaron a perder su puesto unas semanas antes. Le Petit Marbeauf cada vez se hacía más pequeña, cada vez le faltaba más el aire a aquel hombre solitario y gruñón, cada vez le faltaba más la vida. Así, cuando las luces se encendieron todos los espectadores vieron por qué de pronto había decidido callarse, y por más que intentaron reanimarlo ya nada se pudo hacer.

En un pueblo cercano, Ville-d’Avray, tan solo 39 años antes de lo ocurrido en el cine parisino, nace uno de los mejores autores del realismo sucio que ha dado Francia: Boris Vian. Desde pequeño tuvo muy cerca el mundo del arte, rodeándose de familiares músicos, aficionados a la ópera y la poesía. Cerca también tuvo desde el principio la cara oculta y negativa de la vida. Con el crack del 29 tuvieron que mudarse para solventar gastos y su padre empezó a pasar más tiempo trabajando que con él en casa.

Al poco tiempo descubrió que nunca se está en una situación suficientemente mala. Tras cumplir 12 años un ataque de fiebre reumática y de tifoidea lo convirtieron en un chico enfermizo, con problemas cardíacos desde tan joven, los cuales arrastraría el resto de su vida.

“Osaría algunas veces salir de mi sepulcro para ir a las sesiones de jazz nocturno de París, donde asimilando por los colores, reflexionaría acerca de ellos en frente del fuego”, escribía el autor ruso Andrey Bely sobre el Moulin Rouge y sobre el ambiente que nacía en las calles de París. Era casi imposible que en la primera mitad del siglo XX no quedaras impregnado de esa vida nocturna, llena de fiestas, jazz y conversaciones existencialistas con desconocidos. Vian era un gran estudiante, pero era también un joven que vivía en los alrededores de París. Su interés por esa vida era inevitable.

Sobre todo destacó el amor a primera vista que tuvo con la música, con el jazz. Sin dudarlo, pronto empezó a interpretar a sus ídolos, tomando contacto con una de las expresiones artísticas que condicionarían su vida.

Tras casarse por primera vez y encontrar trabajo como ingeniero, se topó con la escritura creativa, empezando a desarrollar sus primeros libros y cuentos. Así es como tomó contacto con la otra expresión artística que condicionaría su vida, con la que condicionó su muerte. Estas primeras obras tenían un estilo, aunque admirable y exquisito, muy diferente al de las novelas que le dieron la fama. En ellas, aunque se basó en su experiencia de vida, el realismo sucio brillaba por su ausencia en favor de cierto surrealismo que ya mostraba que sería uno de los mejores escritores de su generación.

En 1946 por fin publicó su primera, y más polémica, novela: Escupiré sobre vuestra tumba. No obstante, quizá previendo lo que conllevaría su publicación, decidió firmarla bajo el seudónimo de Vernon Sullivan, supuestamente un estadounidense negro, apareciendo el nombre de Vian únicamente como traductor. Se trata sin duda una de las mejores ficciones escritas en el siglo XX, donde encontramos la fusión perfecta entre la novela negra y el realismo sucio. Un relato antiracista que todos deberían leer. Una historia que da constantes giros sobre sí misma, a la vez que la mente, y el estómago, del lector da vuelcos. Pronto fue censurada por su tono, repleto de violencia y sexo. Esto provocó una reacción inversa a la que esperaban los que intentaron silenciar la obra, pues las ventas se dispararon en muchos países, así como su popularidad.

Pese a ello, se iniciaron una serie de juicios que lo llevaron a admitir finalmente que él era Vernon Sullivan y fue condenado a pagar 100.000 francos por “ultraje a las buenas costumbres”. Lejos de hacerle abandonar la pluma, continuó sacando novelas serias bajo su nombre real, junto a otras más gamberras, en la línea de Escupiré sobre vuestra tumba, con el ya famoso seudónimo de Vernon Sullivan. Todas y cada una de estas fueron constantemente atacadas por parte de los críticos que se sintieron ofendidos por su desvergüenza y su caso omiso a la denuncia que tuvo que pagar con la primera de sus obras.

Años y una boda más tarde, Boris Vian se encuentra de lleno en nuevos proyectos: traducciones, composiciones de ópera, creación de una discográfica… Su vida parece que se estabiliza lejos de la literatura, pero su salud no, la cual desde los últimos años ha ido empeorando. En su retiro para recuperarse no dejó de escribir, pero esta vez únicamente canciones. El tiempo de la novela había quedado atrás, pero aún muchos lo recordaban por esa parte de su vida ya olvidada.

Tanto es así que una productora de cine se interesó por hacer una adaptación a la gran pantalla de su obra más polémica, así pues, Vian, el cual tenía casi olvidada esa parte de su vida, vendió los derechos de Escupiré sobre vuestra tumba no sin antes asegurarse que la tratarían con respeto. Para poder vigilar bien la obra estuvo a cargo del guión, el cual defendió pluma en mano contra la intromisión de los terceros. Pero pronto se tuvo que dar por derrotado tras muchas peleas con los productores, guionistas y director, lo cuales querían modificar aspectos importantes de su obra. Abandonó el proyecto y volvió a su retiro.

Pero ya no pudo descansar igual que antes. Las ideas propuestas durante la pre-producción de la película le intranquilizaban, le impedían dormir bien. A su malestar de salud se le unía el malestar psicológico. Tanto es así que un 23 de junio decidió darse un paseo por los Campos Elíseos y de paso entrar de incógnito al preestreno de la adaptación de Escupiré sobre vuestra tumba, quizá una de las películas que más se alejen de la obra original de la historia. Toda la temática sexual y violenta por la que se hizo famosa fue suavizada de la forma más vil y exagerada posible, llegando a cambiar incluso el final y, por tanto, el sentido de la obra. Eso no era Escupiré sobre vuestra tumba.

Aunque seguramente se debió a sus problemas cardíacos que arrastraba junto a una extraña coincidencia, el hecho de que muriera al ver cómo habían destrozado la novela que le llevó a la fama convierte la situación en uno de los más románticos desenlaces. Vian pasó una vida dura, pero ahora, tras su muerte – como le ocurre a los mejores-, es recordado como uno de los mejores novelistas franceses del siglo XX y como un gran músico de jazz, llevándose en ambos artes aplausos aún a día de hoy tanto del público como, ya por fin, de la crítica.

J. Justo Moncho

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