Festival de San Sebastián 2018 – DÍA 6

Naomi Kawase, Spike Lee, Jia Zhangke, Cristóbal León y Joaquín Cociña

Al sexto día del Festival, una servidora está a punto de erigir un templo en honor al sacro café. Pero, más allá de la continuada falta de sueño de quien escribe, el día de hoy se presentaba lleno de oportunidades y películas muy esperadas para ver.

Vision (Naomi Kawase)

La primera, la nueva propuesta de Naomi Kawase, cabecilla del cine más naturalista y espiritual producido en Japón desde los años 90, con obras como El bosque del duelo o Aguas tranquilas en su filmografía. Entrábamos en la sala con cierto escepticismo, pues últimamente la directora nipona ha derivado hacia un cine mucho más accesible y superficial, pero igualmente existencialista – algo completamente contrario a las reflexiones visuales que proponía en sus primeros documentales y films de ficción. La cinta, titulada Vision, relata la deriva sentimental de Jeanne (Juliette Binoche), una periodista francesa que llega a Japón buscando una rara hierba medicinal que, según se cuenta, puede eliminar toda la angustia espiritual y la debilidad en los humanos. Allí conocerá a un guardabosque y, en cuestión de un par de minutos de metraje hablando, acabarán teniendo dos o tres encuentros sexuales terriblemente incómodos y para nada eróticos en los que, por cierto, se aplica la clásica censura de la que el anime japonés sufre (vamos, que Binoche aparece como un manchurrón negro moviéndose e interpretamos que por sus gritos eufóricos estará teniendo un orgasmo). A partir de aquí, la cosa se tuerce y Kawase empieza a divagar narrativamente, superponiendo fragmentos los tiempos pasado, presente y futuro (¿o no?) en un montaje que facilita todo menos la comprensión de lo que está ocurriendo. Y no nos confunde para bien, no va a ninguna parte. Si eso lo rematamos con unos diálogos sacados directamente de una novela de Paulo Coelho, el resultado es, inevitablemente, infumable. Suerte que Naomi Kawase ha cancelado su visita al Festival, porque la respuesta de la sala ha sido muy poco alentadora.

Infiltrado en el KKKlan (Spike Lee)

A las 12 teníamos cita con Alfonso Cuarón y su Roma, pero, a pesar de tener prioridad y de llevar media hora en la cola, hemos visto que sería imposible entrar en la sala y hemos cambiado de plan: cambiaríamos la película de Netflix y nos dirigiríamos al cine más cercano, donde en cinco minutos empezaba Infiltrado en el KKKlan. La nueva cinta de Spike Lee está basada en la historia real del primer policía negro de Colorado Springs, quien quiso investigar a fondo a los cabecillas del movimiento supremacista americano. La película prometía mucho y no ha defraudado: una hábil cinta policíaca (claro homenaje a la blaxplotation), construida a partir de momentos cómicos muy efectivos pero, sobre todo, cargada con un poso dramático brutal que no dejará a nadie indiferente. Dos actores protagonistas, John David Washington y Adam Driver, en absoluto estado de gracia acaban de dar los giros de volante necesarios para que una historia de tono dual funcione: violencia y muerte se entrelazan con la sátira sin que nada cruja. Con todo, para mí lo más importante es la posición que toma el mismo Spike Lee respecto a todo eso: podría haber realizado un mero retrato paródico de los integrantes del KKK, pero prefiere, con todos los recursos a su alcance y con efectismo si se quiere, remarcar que los bobos que forman la columna vertebral del supremacismo son, en realidad, muy, muy peligrosos.

Ash Is Purest White (Jia Zhangke)

Por la tarde tocaba una de mis más esperadas propuestas del año: Ash Is Purest White, lo nuevo del chino Jia Zhangke (director de la muy exitosa Mountains May Depart). Se trata de un melodramón de cajón, protagonizado por Qiao, novia de Bin, mafioso local. Cuando este es atacado por una pandilla rival, Qiao se defiende y dispara varias veces. Tras cumplir su pena en la cárcel, Qiao busca a Bin e intenta volver con él, pero él no quiere ni verla y eso desata una enorme crisis existencial. Anticipaba la cinta porque la el estilo de Zhangke lleva años topándose conmigo y nunca había llegado a emocionarme, sino que más bien me irritaba un poco. Esta vez, será porque el guion es más equilibrado, o porque Zhao Tao está más divina que nunca, pero la he disfrutado mucho. Finísima ironía con una Qiao despampanante como protagonista, en un mundo milimétricamente diseñado según las reglas de lo kitsch. Al fin y al cabo, los neones, los vistosos adornos y mucho, mucho cutrerío son los únicos rincones en los que el melodrama se siente como en casa. De mis favoritas de este Festival.

La casa lobo (Cristóbal León y Joaquín Cociña)

Finalmene, por la noche, hemos asistido al pase de La casa lobo, película experimental de los chilenos Cristóbal León y Joaquín Cociña realizada enteramente en técnicas mixtas basadas en el stop-motion y presentada junto al corto Sobre las cosas que me han pasado (de José Luis Torres Leiva) en la sección de Zabaltegi-Tabakalera. La película, que fue Mención Especial del Jurado en Annecy y que, por lo visto, tardó cinco años en poderse completar, retrata desde la forma del cuento infantil, el sueño delirante de una niña que se ha escapado de una Colonia alemana. Como si Jan Švankmajer hubiese tomado algún tipo de ácido, el imaginario que crea esta cinta es directamente de pesadilla. Materialidad surrealista al servicio del mal rollo en un debacle absoluto hacia los infiernos de la imaginación. Quedáis avisados.

Mariona Borrull

Mariona Borrull ha escrito 18 artículos en Ciempiés.

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