Big bad wolves


Título original: Big Bad Wolves
Año: 2013
Duración: 110 min.
País Israel
Director: Aharon Keshales, Navot Papushado
Guión: Aharon Keshales, Navot Papushado
Música: Haim Frank Ilfman
Fotografía: Giora Bejach
Reparto: Tzachi Grad, Lior Ashkenazi, Rotem Keinan, Doval’e Glickman, Menashe Noy, Dvir Benedek, Nati Kluger, Kais Nashif, Ami Weinberg, Guy Adler, Arthur Perry
Productora: United Channel Movies
Género: Thriller | Crimen. Policíaco. Secuestros / Desapariciones. Venganza. Comedia negra


Sinopsis

Una serie de brutales asesinatos ponen en contacto a tres hombres: el padre de la última víctima, sediento de venganza; un justiciero detective de policía que opera en los límites de la ley y el principal sospechoso de los homicidios, un profesor de religión arrestado y luego liberado debido a una negligencia policial. (FILMAFFINITY)


Crítica por J. Justo Moncho

 En mi habitual paseo semanal por una tienda de segunda mano que hay cerca de mi casa, me topé con esta película que llevaba tiempo en mi disco duro pero me daba pereza verla. Su precio me animó a comprarla. De esto hace más de 15 días y aun así no me apetecía darle a play para ver qué me contaban por dos razones. La primera por una voz interior que me anima a boicotear cualquier producto que provenga de un estado genocida, pues he de admitir que me cuesta quitarme los prejuicios al igual que a todos los que no lo admiten. La segunda, y más importante, es tan simple como su cita-crítica del póster promocional: La mejor película del año. Mentira, la frase me trae sin cuidado realmente, lo que me preocupaba y me quitaba las ganas de verla era la firma: Quentin Tarantino. El tío es de los mejores directores que existen en la actualidad, esto no lo niego, pero tiene un gusto pésimo de películas, en cuya lista de favoritas podemos encontrar desde Pacific Rim (Guillermo del Toro) hasta El Protegido (M. Night Shyamalan). Es un freak y esto se puede ver hasta en sus películas, en las que suele hacer guiños con maestría a obras que no lo merecen.

El caso es que me convenció mi buen amigo y mejor compañero sentimental de Ciempiés, Gabriel Martínez, y a este le hago más caso que a mil Tarantinos (aunque no tenga ni zorra en cuanto a películas de ciencia ficción o de chavalas en bikini armadas y a las órdenes de James Franco). Y menos mal que le hice caso.

Ahora sí empieza la crítica:

 Soy un hater de todas las adaptaciones para adultos de cuentos infantiles que estamos viendo en la gran pantalla últimamente (Hansel & Gretel: Cazadores de brujasJack el caza gigantes Maléfica, grandes mierdas del siglo XXI), pero he de admitir que esta película, aun no siendo una adaptación leal, intencionada o fiel de ningún cuento, es una fresca visión de lo que serían realmente las historietas para niños en la vida real, en las que los lobos feroces se los quieren comer.

Partiendo del secuestro oscuro y brutal de unas niñas, se nos presenta una película muy bien hecha, dirigida y narrada, que extrañamente es en momentos desternillante pese a la seriedad de su trama. Compagina muy bien el drama con la comedia, algo que recuerda al cine japonés por su humor en ocasiones infantil y que puede que no disfrute por igual todo el mundo por lo absurdo de sus contextos. No obstante, que los chistes hayan sido metidos en los momentos menos oportunos no ha sido un despiste a la de escribir el guión, como pensarán todos los que estén acostumbrados a ver solo cine occidental, pues este está escrito con gran maestría, volviendo a traernos la sorpresa propia del cine de los 90 al público que ya estaba harto de esperarse los giros de guión de todas las películas.

Las actuaciones son geniales por parte de todos los actores, desconocidos para mí hasta ahora, destacando la de Tzachi Grad, que en ocasiones recuerda a la interpretación también perfecta de Kevin Spacey en Sospechosos Habituales.

Pero, sin duda, la gran coordinación entre fotografía y música es lo que más llama la atención de la película, enganchándote desde los brillantes créditos iniciales con una banda sonora increíble que acompaña al espectador a lo largo de la película.

En cuanto a una de mis preocupaciones, el posible racismo o crítica hacia la sociedad palestina que pudiera haber, es inexistente y se agradece. Se habla de ello y hay comentarios despectivos en ocasiones, pero necesarios para entender naturalezas viles de los personajes, tampoco se debe prohibir hablar o reírse de los temas, pero no hay un desprecio apreciable dentro de la cultura cinematográfica israelí hacia sus vecinos sufridores. Esto ya lo pude observar en Vals con Bashir, donde a modo de documental de animación se notaba la vergüenza que sentía el autor hacia acciones cometidas por sus gobernantes contra Palestina. Además, juegan muy bien en Big Bad Wolves riéndose de los tópicos israelís contra la sociedad árabe, pues son bromas divertidas que no ofenden y no dejan en mal lugar a nadie fuera de la película, los protagonistas de esta son los personajes y sobre ellos recae la culpa o la vergüenza.

 En definitiva, una película llena de tensión y humor, muy absorbente y entretenida, con la que disfrutaremos de forma visual con sus interpretaciones y fotografía, como de forma auditiva con su deliciosa banda sonora y sus ingeniosos diálogos.

Valoración (sobre 10): 7

J. Justo Moncho

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